El animal más rápido en tierra

El guepardo sigue siendo, sin discusión, el animal terrestre más rápido del planeta. Su cuerpo está diseñado por completo para la velocidad: columna vertebral flexible, patas largas y delgadas, y garras semirretráctiles que le ofrecen mayor agarre al correr, algo poco habitual entre los félidos. Puede superar los 100 km/h en distancias cortas, aunque solo mantiene esa velocidad máxima durante unos segundos, ya que su cuerpo se sobrecalienta con rapidez. Por eso sus cacerías consisten en persecuciones breves y explosivas, no en carreras de resistencia.
El animal más rápido en el aire

Si se tiene en cuenta la velocidad alcanzada en cualquier tipo de movimiento, y no solo en vuelo horizontal, el título de animal más rápido del mundo no es para el guepardo, sino para el halcón peregrino. Durante su característico vuelo en picado, conocido como «stoop», con el que se lanza en caída controlada sobre su presa, puede superar los 300 km/h, una velocidad muy superior a la de cualquier animal terrestre o marino conocido. Fuera de ese picado de caza, su velocidad de vuelo normal es mucho más moderada, comparable a la de otras aves rapaces.
El animal más rápido en el agua
En el medio acuático, el pez vela suele señalarse como uno de los nadadores más veloces del océano. Su cuerpo hidrodinámico y su característica aleta dorsal, que puede plegarse para reducir la resistencia al nadar, le permiten alcanzar velocidades muy superiores a las de la mayoría de peces. Las estimaciones sobre su velocidad máxima varían según el estudio y el método de medición empleado, pero de forma consistente se le sitúa entre los animales marinos más rápidos que existen, muy por delante de especies como el atún o el marlín negro, sus principales competidores en este terreno.
Por qué no se puede hablar de un único animal más rápido
Comparar velocidades entre medios tan distintos como la tierra, el aire y el agua no es del todo justo desde el punto de vista físico: la resistencia que ofrece el aire, el agua o el suelo es muy diferente, y cada animal ha evolucionado adaptado a las condiciones concretas de su entorno. Por eso lo más correcto no es hablar de «el animal más rápido del mundo» en singular, sino de un récord distinto para cada categoría, cada uno impresionante a su manera.



