Cómo se mide la inteligencia canina

Los investigadores que estudian la cognición canina suelen distinguir entre varios tipos de inteligencia. Por un lado está la inteligencia de trabajo y obediencia, relacionada con la rapidez con la que un perro aprende y ejecuta órdenes nuevas. Por otro, la inteligencia adaptativa, que mide la capacidad del perro para resolver problemas por sí mismo sin depender de una orden previa, como abrir una puerta o esquivar un obstáculo de forma creativa. También existe la
inteligencia instintiva, vinculada a las habilidades para las que fue seleccionada originalmente cada raza, como el pastoreo, la caza o la guarda.
Razas que destacan en obediencia y aprendizaje rápido
Entre las razas que con más frecuencia aparecen en los primeros puestos de estudios sobre obediencia y capacidad de aprendizaje se encuentran el border collie, ampliamente reconocido por su aptitud para el pastoreo y por la rapidez con la que asimila nuevas órdenes; el caniche, una raza versátil históricamente utilizada también en tareas de caza y cobro; y el pastor alemán, muy valorado en trabajos de asistencia, rescate y seguridad precisamente por su combinación de obediencia, capacidad de aprendizaje y equilibrio emocional.
Razas destacadas por su inteligencia adaptativa
Otras razas sobresalen más por su capacidad de resolver problemas de forma autónoma que por seguir órdenes de manera mecánica. Es el caso de algunas razas de terrier, seleccionadas históricamente para trabajar de forma independiente en la caza de pequeños animales sin supervisión constante, lo que ha favorecido una notable capacidad de decisión propia.
Esta independencia, sin embargo, puede hacer que su educación resulte más exigente que la de razas
más orientadas a la obediencia directa.
¿Importa más la raza o la educación?
Aunque existen diferencias documentadas entre razas en cuanto a predisposición genética, la mayoría de los expertos en comportamiento canino coinciden en que la educación, la socialización temprana y la estimulación mental diaria influyen de forma decisiva en el desarrollo de las capacidades cognitivas de cualquier perro, independientemente de su raza. Un perro de una raza considerada muy inteligente pero mal estimulado puede mostrar un comportamiento mucho menos ágil que otro de una raza distinta que sí recibe estímulos y entrenamiento constante.



